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2/7/15

Epístola del mérito, de la tardanza y de un buen perro.



Estoy escribiendo una plegaria en la que no pido Una plegaria de ojos Llena de frutas para mi cuerpo que se siente cansado y que no puede tomar el tornado con las manos desnudas y que está secándose y que le teme a la caricia Una plegaria que se derrama sobre mi rostro mientras me desplazo en una motocicleta que maneja mi padre Y empuño una promesa Y siento como el agua Y pienso en que soy una mala mujer
Y sufro
porque no quiero abrir heridas 
ni en mi cuerpo ni en otros
porque de mi útero espero la cuota mensual de dolor No niños que tienen bocas para hablar y llorar y gritar y besar y comer y chupar y lamer y babear y morder
Y sin embargo lo que espero de mi útero nada tiene que ver con el horizonte de mi casa y de mi marido que es un ramo de flores y está soñando un sueño que no puedo respirar.
Escribo una plegaria y cruje mi cuerpo y me salgo de la línea y me sacudo y me siento tan cansada y quiero dormir hasta el año próximo sin haber soñado más que vendavales mudos preciosos llenos de cabello enredándose Porque el amor me resulta extraño Porque el amor no es una fruta que pueda morder y masticar y tragar con mi boca Porque soy una mala mujer que quiere cosas que no puede tener y me siento aterrada 
Porque me dieron mucho amor cuando crecía 
Porque me dieron mucho amor cuando lloraba
Porque me dieron mucho amor cantando y entonces 
debería saber
debería entender
debería querer
debería hacer
y sin embargo se están dibujando líneas de angustia y de tiempo y de jardines secos en mi rostro Que no sabe Que no entiende Que no quiere Que no hace.

   Necesito veintinueve años de viento

   el abrazo de las alas
   el abrazo envolvente de la exhalación del cielo
   el conjunto de alaridos 
   el llamado de la levedad
   el llamado gaseoso de lo que se eleva y no llora porque el agua pesa
   el llamado de niños azules que no pisan el suelo de la tierra y no lloran porque el agua pesa.

   Necesito extender los brazos
   moverlos y arrastrar la marea quebrada de aire que nos sacude y nos levanta y nos llena y nos desaparece
   Ser el álamo temblón del cruce de calles en el que me sacaron del útero de mi madre que me besaba y que preguntaba si no me faltaban dedos si no me faltaba alma si no me faltaba constancia si no me faltaba dulzura si no me faltaba un sino O dos.

   Necesito veintinueve años de viento porque lo lamento
   porque no quiero abrir heridas
   porque soy una mala mujer
   y lo siento

                                                                                                           lo juro

                                                                                                           lo siento.


Ocupo mucho espacio - estoy llena de ruidos - cada uno de mis pasos es música de cuerdas que grita memoria
              que susurra la facultad de recordar cosas
                                                   de recrear puñales
                                                   de reconstruir la escena del agua que pesa tanto.

Recuerdo a un perro de patas cortas que duerme en la cama de mis padres 
y lo dibujo con los colores nuevos de mi hijastra.
Es mi hermano
parece mi amigo porque me lame y me gruñe 
parece mi amigo porque es el hijo de una perra que olvidó.
Mi perro/amigo/hermano
cachorrito olvidado
no es un mal perro
no tiene porqué disculparse
aceptó el horizonte
y a su lado no soy más que una mujer
cualquiera
y puedo lidiar con eso 
porque sus miles de pelos me abrazan como si fueran besos del viento
o de mi mamá Que sí sabe Que sí entiende Que sí hace Que sí quiere
que es una buena mujer y huele a nubes formando un lago.


La voluntad no le basta al amor - no le basta a la materia - ni a la bioquímica de los anhelos.

He llegado tarde

                                                                                           lo siento

                                                                                           lo juro 

                                                                                           lo siento.


No hay viento que me calme 
no hay regreso.
Soy una mala mujer
mucho menos que el sabor del agua - mucho menos que un soplo - mucho menos que lo que mi madre esperaba en el cruce de calles en el que me sacaron de su útero.

No me encuentro - he llegado tarde - esperaba la ternura - y acá estoy 

Borrándome del horizonte.

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