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12/2/15

La incertidumbre del tacto o el regreso de Natalia Lafourcade a mis listas de reproducción.

Me sumo al espacio
-suma ilusoria-

me sustraigo de mí
-resta fantasma-

la incertidumbre del tacto cae como una piedra sobre mi cabeza

y no sangro

¿para qué sangre si tengo poemas?
¿para qué poemas si tengo semillas?
¿para qué semillas en una casa sin jardín?
¿para qué casa si no tengo un cuerpo?


Con todas estás lágrimas regaría una planta durante un mes.


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Enfoco mi mirada en tu camisa de cuadros rojos y azules tirada sobre el cubrelecho beige que nos regaló mi tía Rosi y que puse sobre la cama que era de mis padres y que ahora es nuestra.  Después de un tiempo se hunden todos mis conos y sólo veo negro. Se tiñe de negro la camisa, se tiñe de negro el cubrelecho, se tiñen de negro la pared y la cama. Mi cabeza comienza a girar a la derecha sin completar sus giros.

No agacho la mirada, no pestañeo, no uno los párpados. No veo. Mucha sangre en los ojos.

Lloro mujeres.

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Quiero dejar de escribir en primera persona:

Ella está sentada en el baúl de mariposas que puso frente a la cama. 
Cruza las piernas, cruza las piernas, cruza las piernas, cruza las piernas.

El estupor es un fantasma que toma posesión de los cuerpos. 
El estupor es una pólvora mágica que se estalla sobre las pupilas. 
El estupor no es cocaína.

No hay premisas. Un mantra es ineficiente. La ilustración es un crimen perfecto.

Sólo le queda el lenguaje lamentable de las lágrimas -pajazo mental-.

El baúl de mariposas no retiene todas las ideas que derrama por su nariz -manchas en el suelo-.


La infancia vuelve en la pornografía con una ternura asquerosa.

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No sé no escribir en primera persona:

Tengo un niño podrido en mi mano izquierda, vivo en un tetero y mi boca sabe al yunque marca ACME que cae sobre las promesas. Soy una figura ausente y estoy ausente de mi figura. Cuando me tiño de mujer me consuelo con mi nombre que es el mismo al derecho y al revés. 

Mientras me hablas te leo y te bordeo con los ojos. Qué bella es tu silueta.

Tus líneas son las curvas de un sueño y los bordes afilados de una sierra oxidada.
Te llamas mi esposo y te llaman Diego. 

Mi cinismo es falta de fe.
Mi falta de fe es suicida, pro-choice, anhedónica y sexual.

Te miro y veo frente a mí 
la distancia que nos separa.
Un trayecto
que ni los puentes en mis orejas

salva.

Quiero escribir lazos                                                                                                    
pero la pregunta asalta.

2 comentarios:

  1. Veo fe.
    Sangra, sin desangrarse.
    Hay esperanza.

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    1. Me alivia ese dictamen.

      Gracias por pasar :)

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