Páginas

1/10/14

Maridajes.

I

Me casé con tus pestañas frente al fuego azul de la estufa de la casa de mis padres el día que mirabas con vergüenza el contenido de la nevera y mi mano derecha sostenía un cuchillo con torpeza
ahí sellé mi alianza con tus tiempos
ahí signé con mis huellas la promesa de los ojos
ahí tracé los límites de la razón
ahí me ofrendé al silbido del viento en tu pelo
ahí te canté la canción de las navajas
ahí te lavé las heridas
ahí leí “todas las estrellas están en mi nombre” en la palma de tu mano
ahí te entregué mis conjugaciones verbales

            Soy el sujeto –Ana-

mira los imperativos:

            invéntame
            reescríbeme
            léeme
            interprétame
            edítame.

Soy un libro viejo que rayó un niño
un libro viejo que sólo se leyó a sí mismo y se arrancó las páginas a causa de la vergüenza.


II

Me casé con tus ojos después de leer a Beatriz Preciado porque tus labios me mostraron la ruta de la sinrazón, ¡y qué alegría!
Nada que diga la sensatez política transgender
me arrebata la gloria de la política del amor.
Sigo con las cantidades ingentes de estrógenos en mi cuerpo durante 21 días del mes –y de nuevo
            Preciado se decepciona-
sigo porque no voy a conocer los ojos de nuestro hijo

porque lo amo.

III

Me casé con tus lágrimas una madrugada por Skype. Viré a la manía y te sequé los ojos con todas las telas de araña que encontré en el techo de mi habitación.

Soy la verdad de un pájaro y te miro. Todas tus lágrimas son el mar que contienes, tú que no moriste en el parto como el resto de nosotros.

IV

Me casé con tu sueño cuando te revelé mi sombra, cuando te dije con la plegaria del tacto:

Cúrame de Sylvia Plath, sálvame de bañarme en sus ríos durante más de un mes.
Seca mi tristeza con la espuma de tus letras
que se juntan y hacen del universo una promesa que estaba antes que tu lengua
y que estará después de ella.
Cúrame con una de tus certezas y luego déjame romperla para que germinen de sus pedazos nuevas fortalezas que habremos de dañar.

Cúrame de Sylvia Plath
cada vez que mis pupilas dibujen su silueta.

V

Me casé con tu rostro pasado por un sacapuntas, cuando mi mano se posó en tu mentón y todo encajó en todas partes:

Una mariquita entró en sus alas
y una perla se acomodó en medio de su concha.
La luz del sol cupo precisa en el triángulo que formaron las ramas de tres árboles distintos
y la luna giró para mostrarnos el perfecto menguante.
Las manos de dos hermanos se estrecharon y formaron una sola mano
y el arcoíris se metió todo en la baldosa de un baño de una casa que nunca he pisado.
En un primer beso, dos bocas completaron una boca
y la raíz del césped se hizo lugar dentro de la tierra –ni un mm más, ni un mm menos-.
Una moneda entró al teléfono público
y una huella digital fue identificada en el banco.
La tortuga no tuvo espacio de sobra cuando se escondió en su caparazón
y las ramas del árbol de Guacarí se ajustaron al molde del viento.
Todas las llaves entraron en todas las cerraduras
y abrieron todas las puertas.
Y todas las cosas se contuvieron en cosas más grandes que ellas y giraron al tiempo
y envejecieron al tiempo.


Tuvimos la edad del universo cuando posé mi mano en tu mentón y me casé con tu rostro pasado por un sacapuntas

y hasta mi violín encontró sosiego en su estuche.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario